La próxima campaña de cultivos de verano presenta un escenario que invita a mirar más allá de la semilla. La humedad en el perfil y la permanencia de rastrojos generan condiciones que favorecen la presencia de plagas que actúan sobre el cultivo en una de sus etapas más sensibles: la implantación.
Entre ellas, babosas, caracoles y bicho bolita vuelven a ocupar un lugar destacado dentro de las estrategias de monitoreo. Aunque suelen pasar desapercibidas, son capaces de afectar semillas, plántulas y el logro de una adecuada densidad de plantas, comprometiendo el potencial del cultivo desde sus primeros días.
Este año, el contexto es favorable para estas plagas, ya que encuentran refugio en ambientes protegidos y con buena disponibilidad de humedad. En el caso de las babosas, se trata de organismos de hábito nocturno que necesitan ambientes húmedos para desarrollarse y reproducirse. Su capacidad reproductiva también explica por qué los monitoreos tempranos resultan fundamentales. Dependiendo de la especie, pueden producir entre 100 y 800 huevos y completar una o dos generaciones por año.
Por su parte, los caracoles presentan una situación similar. Su desarrollo depende fuertemente de la humedad y la temperatura del suelo, pudiendo mantener ciclos biológicos prolongados que se extienden hasta cuatro años.
Cuando se trata de bichos bolitas, suelen concentrarse en sectores con mayor cobertura, volumen de rastrojo o zonas de acumulación de residuos vegetales, donde además se registran los mayores daños. Los monitoreos deben realizarse entre 20 y 25 días antes de la siembra.
El costo de llegar tarde
El principal problema de estas plagas radica en que muchas veces el daño se detecta cuando ya ocurrió. La pérdida de plantas o la necesidad de resiembra suelen tener un impacto económico considerable.
Un ejemplo es el girasol, cuya superficie continúa creciendo y para la campaña 2026-27 se proyecta un incremento cercano al 10 %, alcanzando aproximadamente 3,41 millones de hectáreas.
En este cultivo, el costo de una resiembra puede representar alrededor de 156 USD/ha, mientras que una estrategia preventiva de control implica una inversión significativamente menor. Por eso, los especialistas coinciden en que la decisión más importante no es únicamente qué producto utilizar, sino llegar a tiempo.
Monitorear antes de sembrar
Esa es la clave: monitorear. La capacidad de respuesta temprana y la anticipación son factores fundamentales para proteger la implantación de los cultivos y evitar pérdidas difíciles de recuperar más adelante.
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